Hoy celebramos el Día Mundial del Flamenco, una fecha en la que honramos un arte que late con fuerza en nuestra memoria colectiva y que, desde 2010, es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

El flamenco es sentimiento, es raíz, es historia viva. Nace del mestizaje cultural, pero en su corazón arde con especial intensidad el pueblo gitano, que lo ha cuidado, transmitido y engrandecido generación tras generación, convirtiéndolo en un lenguaje universal capaz de emocionar en cualquier rincón del mundo.

Decir que el flamenco es gitano es reconocer la profunda huella que este pueblo ha dejado en su forma de sentir y expresarse. No significa negar otras influencias, sino comprender que fue en las comunidades gitanas donde el cante, el toque y el baile encontraron refugio, identidad y continuidad. Durante siglos, los gitanos conservaron estas formas de expresión incluso en tiempos de marginación, manteniéndolas vivas dentro de sus casas, sus tradiciones y su memoria familiar. Gracias a esa fidelidad, el flamenco pudo florecer y convertirse en el arte universal que hoy conocemos.

En Cáceres, celebramos este día con orgullo y emoción, reuniéndonos en torno al espectáculo “Extremadura Gitana” de Salomé Pavón, una artista que lleva en su voz la herencia de una estirpe flamenca y la fuerza de un pueblo que llegó hace 600 años

Hoy, Cáceres se llena de compás, de quejío, de palmas y de duende.

Hoy celebramos el flamenco como lo que es: identidad, arte y libertad.